La transmisión del Dharma

Enseñanza durante la jornada de zazen en memoria de Étienne Mokusho Zeisler, por Pedro Taiho Secorún

 

 

Tozan, que vivió sobre el año 800, es considerado en la historia del budismo Zen como fundador de la línea Soto. La característica principal de Tozan es su independencia de espíritu ante el dogma religioso y el estereotipo. Entró de niño en un monasterio y su maestro le enseñó a cantar el Hannya Shingyo, cuando llegó al pasaje que dice:

“…ni ojo, ni oído, ni nariz, ni lengua, ni cuerpo, ni espíritu”

Se tocó la cara y pregunto al maestro, “tengo ojo, oído, nariz, lengua, cuerpo y espíritu, ¿cómo pretende el sutra que esto no exista?”

El maestro asombrado por la pregunta, le respondió, “yo no soy la persona que te hace falta”.

Y es así como Tozan, cosa habitual en esa época, después de recibir la ordenación de monje, marchó a recorrer diferentes templos por la China en busca de un maestro con el que pudiera caminar. El primero fue Nansen, discípulo de Basho, llegó el día de la ceremonia conmemorativa de la muerte de Basho y Nansen preguntó a los monjes: “mañana haremos ofrendas a Basho, ¿pensáis que vendrá?

La asamblea quedó en silencio, solo Tozan respondió y dijo, “vendrá tan pronto como haya encontrado a un compañero.”

Nansen, impresionado por la respuesta, respondió: “este hombre es joven, pero es un gran material para esculpir.”

Tozan respondió: “que el gran maestro no confunda al hombre libre por un esclavo.”

Continuó el peregrinaje y encontró al maestro con el que se quedaría largo tiempo, Ungan.

Nosotros hoy, conmemoramos y haremos ofrendas en memoria de Étienne Mokusho Zeisler, ¿pensáis que vendrá?

“Vendrá tan pronto como haya encontrado un compañero o una compañera”.

La respuesta de Tozan, focaliza la atención hacia un punto fundamental del zen, la transmisión de la enseñanza de Buda. Se suele hablar mucho, pero lo importante es como se hace real: por la actualización de la práctica, aquí y ahora, a través de nuestro cuerpo y nuestro espíritu.

Butsu Butsu, de Buda a Buda. Es entonces, cuando el compañero aparece, cuando el antiguo maestro vuelve a estar aquí. ¿Vendrá o no vendrá? pregunta Nansen. Vendrá tan pronto como haya encontrado a un compañero.

Realizar nuestra profunda naturaleza de seres despiertos, es el símbolo vivo de la transmisión de Buda, es el símbolo encarnado en nuestra práctica de zazen

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En el dojo, en el templo, el punto más importante es respetar zazen con todo lo que le rodea. No lo debemos perder de vista. Hace unos días, se hizo una reunión entre tenzos para armonizar y poner cosas en común, pero veo, que se olvidó un tema, los olores.

En este templo la cocina está muy cerca del dojo, debemos darnos cuenta e intentar cocinar sin poner demasiadas especias que no desprendan grandes olores, no hace falta poner cúrcuma, podemos hacer algo más simple.

Debemos tener una mirada más amplia sobre las cosas que hacemos, no debemos molestar zazen. Concretamente en este local si la cocina ya debe ser simple, aquí aún más.

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Tozan, al que no gustó el paternalismo de Nansen, le contestó, “gran maestro, no confundas a un hombre libre con un esclavo” y se fue. Entonces visitó a Isan, otro reconocido maestro de la misma época y le pidió que le explicase la frase de un sutra que dice que las cosas inanimadas exponen el Dharma.

Tozan, no pudo comprender la intención de Isan y al final éste, Isan, acabó la entrevista diciéndole, “la boca que mis padres me han dado, no te lo explicará jamás”, y así Tozan, partió y siguió su peregrinaje hacia el templo de Ungan y le planteó la misma pregunta, ¿quién puede escuchar a los seres inanimados exponer el Dharma?.

 Ungan respondió, “la ley proclamada por los seres inanimados no puede ser escuchada más que por los seres inanimados”.

Y tu, gran maestro, ¿lo escuchas?, preguntó Tozan,

Ungan dijo, “si yo pudiera escucharlo, entonces serias tú mismo quien no podrías comprender mi enseñanza”. Tozan le respondió, “realmente si dices cosas como esta, está claro que no entiendo nada de nada de tu enseñanza”.

Ungan le dijo, “ya que no comprendes ni siquiera mi enseñanza, ¿cómo podrías esperan poder escuchar a los seres inanimados. No comprendes que los ríos, los pájaros y los árboles, exponen todos, el Dharma?” Entonces Tozan se posternó delante de su maestro y le ofreció el siguiente poema:

 

“¡Maravilloso¡, la ley expuesta por los seres inanimados, es la verdad eterna.

Si se intenta escuchar con las orejas, no se comprende nunca.

 Solo escuchándola por el ojo la conoceremos íntimamente”

 

Ungan le preguntó entonces: “¿Eres feliz ahora?”.

Tozan sinceramente le contesto: “No puedo decir que no soy feliz, pero es la felicidad de quien ha encontrado una perla brillante en la taza de excrementos”.

“Justamente es eso” le dijo Ungan, y así fue como Tozan, se quedó entonces junto a Ungan varios años, cerca de su maestro y dejo de dar vueltas.

Un día, al cabo ya de años, Tozan fue a despedirse de Ungan, se iba. Este le dijo: “Después de esta separación será difícil volver a vernos”.

Tozan respondió: “Más bien, lo que será difícil es que no nos volvamos a ver. Cuando tu estés muerto, ¿qué deberé responder si se me preguntan, cuál era el verdadero rostro de tu maestro?”, Ungan le dijo, “es justamente esto”.

Tozan dejo el templo de su maestro y lo tuvo presente siempre en sus últimas palabras.

Atravesando un puente, al ver su imagen reflejada en el agua, comprendió bruscamente el significado de la última enseñanza de Ungan, y lo expresó en un poema que sería luego la base, o el núcleo, del cual surgiría el Hokyo Zanmai. El poema dice:

“No lo busquéis en ninguna parte o os rehuirá.
Ahora voy solo, lo reencuentro por todos lados.
Aquí y ahora él es yo, aquí y ahora yo no soy él.
No es de otra manera.

              ¿Cómo puede ser comprendido, shu shu, el buda eterno?”

 

Los textos de esta época, las historias o poemas de Tozan pueden ser a veces un poco complicados, pero rezuman la delicadeza y la expresión de algo que no puede escucharse con las orejas,  shu shu el buda eterno.

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Mucho tiempo después, Tozan estaba haciendo una ceremonia por su maestro Ungan, que había muerto, un monje que le observaba, le preguntó,

-¿”Qué enseñanza has recibido de Ungan?,”

-“Estuve junto a él” respondió Tozan, “no recibí ninguna enseñanza”.

-“Entonces, ¿por qué haces esta ceremonia?”.

-¿“Por qué debería darle la espalda?” respondió Tozan.

Agradezco a mi difunto maestro que no me atiborrara de explicaciones.”

-“¿Pero estabas de acuerdo o no estabas de acuerdo con el?”

-“Mitad de acuerdo y mitad en desacuerdo”

-“Pero entonces, ¿Cómo es que no estabas completamente de acuerdo?”

-“Si hubiera estado completamente de acuerdo, respondió Tozan, le hubiera faltado al respeto”

En la enseñanza justa, decía Étienne, para la transmisión del dharma de la verdad no hay una norma fija, esto es verdad, esto no es verdad, esto es justo, esto es falso, exacto, inexacto. La transmisión del espíritu de Buda, no hay ni verdad, ni falso, ni a favor ni en contra, partidario o enemigo. Todas estas cosas deben ser olvidadas, dejadas de lado. La trasmisión es sin separación, sin fronteras, sin dualidad, sin oposición, sin nada. Ese es el individuo completo, el maestro completo, el discípulo completo, el buda completo, no molestados por nada.

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Hay una pequeña enseñanza que se da Tozan a sí mismo, dice:

No busca ni provecho ni recompensa, ni gloria ni prosperidad, pasa la vida tal como ella viene, según las circunstancias. ¿Quién es el maestro cuando la respiración se para?. Después de la muerte del cuerpo, no queda más que un hombre vacío, cuando los hábitos se rasguen repáralos una y otra vez, y si no tienes comida, trabaja para procurártela.

El sonido de la verdad eterna, la ley expuesta por los seres inanimados, no podemos escucharla con las orejas, no se la comprende jamás, se la conoce íntimamente.

Zazen es, el camino que nos lleva momento a momento a esta intimidad, por eso es tan importante preservarlo, actualizarlo, realizarlo.

Todos los budas del pasado, del presente y del futuro “vendrán tan pronto como hayan encontrado a un compañero.”