La magia del silencio, de Kankyo Tannier

La monja budista Kankyo Tannier ha escrito un libro ("La magia del silencio", Planeta, 2017), que trata de los temas eternos: cómo ayudar, cómo apaciguar la sensación de insatisfacción, de carencia, el sufrimiento humano, este dolor íntimo de la humanidad.

Como budista y como terapeuta de programación neurolingüística y de otras corrientes cercanas, propone ejercicios que pueden servir para entender y mitigar este sufrimiento universal. Se trata de ejercicios muy diversos: ejercicios para tomar conciencia del propio cuerpo, para no aferrarse a los pensamientos, para concentrarse, para aceptarse uno mismo, tal como uno es.

Habla, sobre todo, del silencio, del noble silencio. Y es aquí donde más se percibe el aroma zen de su rakusu. Menciona el silencio de la sesshin rohatsu, los beneficios del silencio: dejar sin ocupar con pensamientos o palabras un espacio salvaje, no cultivado, donde el agua salta sin más entre rocas y piedras. El terreno no cultivado, donde escuchar el silencio de zazen.

Los ejercicios que propone son, con toda seguridad, de gran utilidad para muchas personas que sufren y buscan soluciones para su sufrimiento. Pero lo que más emociona del libro se encuentra en otro lugar. Son los espacios entre las palabras, las anécdotas que acompañan sus explicaciones. La frescura en aquello que explica, en lo que deja entrever sin detenerse demasiado, en aquello que envuelve por fuera la intención central del libro.

El silencio de su cabaña, donde vive, cerca del templo zen de Alsacia, por la mañana, cuando se levanta el día, y el sol de invierno atraviesa los cristales de su ventana. El silencio del bosque en la penumbra, cuando oscurece, y sólo se escucha el viento y las campanas de la iglesia lejana.

El silencio del amanecer, cuando recorre los pasillos del templo para poner las ofrendas del agua en los altares, antes de la campana del despertar. Cuando la noche rodea aún el paisaje, y los pasos evocan otros pasos antiguos, formando un tejido común, delicado e invisible, lleno de misterio y gratitud. El momento mágico en que la noche da paso al día y se desvelan, poco a poco, los contornos del mundo.

El silencio de la sesshin, en la que, sentado en medio del volcán, el cuerpo aprende a atravesar las sombras, como si el sol se abriera paso para calentar, poco a poco, cada parte del cuerpo. Los momentos de calma. Por las mañanas, al atardecer, la regularidad que sosiega el alma.

Y así, delicadamente y con una ternura benévola, nos invita, a través de las hojas de su libro, a saborear el silencio que lentamente se despliega y se escucha.

Al leer sobre la danza lenta y primitiva de su gato, sobre sus estiramientos lánguidos, alguna cosa interna de uno mismo se pone en orden.

Reseña de Laura Berenguer Estellés, profesora universitaria y monja zen.

 

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